El Tiempo.

Pasa a un ritmo rápido o lento según tu actividad cerebral, tu estado emocional o tu edad cronológica.
El bebé no es consiente del tiempo de una forma racional, pues a el solo lo guían sus ritmos de sueño y alimentación para su supervivencia, aún que quien le hace vibrar en realidad es el Amor que recibe del entorno.
Como ya sabemos el ser humano cambia de ciclo de 7 e n 7 años.
En sus primeros 7 años de vida es importante el aprender a orientarse en el espacio, ganar seguridad y comenzar desde el gateo a ponerse de pie y caminar.
Caminar, primero de forma torpe cogido de una mano que le transmita seguridad y apoyo en esa gran aventura que es el ponerse de pie.
Orientarse en el espacio y llegar a todos los lugares que abarca con sus ojos, es una delicia.
Al igual que lo es descubrir nuevas texturas y sabores pasando de papillas a solidos como en un juego divertido de ¿esto que es?
Y así sigue creciendo gracias al alimento que llega a su cuerpo y el Amor que llega a su Alma gracias al amor de sus padres, abuelos y familia.
A partir de sus primeros siete años, empieza a tomar conciencia de su ser y busca su independencia un poco más allá de su madre y a querer marcar su yo, poniendo a prueba la paciencia de sus padres, abuelos y hermanos mayores, con el yo quiero, yo, yo, y esto es mío.
De los 7 a los 14 su ritmo, su tiempo, lo marca la escuela los amigos, cumpleaños y fiestas.
De los 14 a los 21 aparece su despertar a la sexualidad, los primeros amorres y desamores.
De los 14 a los 21 el tiempo comienza a hacer acto de presencia ya en una agenda escolar que desde la más temprana edad marca los ritmos.
Levantarse, estudiar, descansar, dormir y vuelta a empezar.
A partir de los 21 las agendas se desbordan con tantas cosas por hacer, robando horas al sueño, para estudiar, trabajar, amar y reír.
Cuantos proyectos e ilusiones como una flor por abrir bajo el roció de la mañana.
Pasan los 30 con metas conseguidas, pero con muchos caminos todavía por descubrir.
Llegan los 40 y comienzan los balances de cuentas,¿ cuantas cosas hechas?,¿ cuantas por hacer?
Los 50 llegan de hoy para mañana planteándonos si nos queda tiempo para poder hacer.
En ese momento el peso del tiempo se impone y también nuestro deseo de que vaya más lento.
Pero el ni caso el sigue a su ritmo, ni rápido, ni lento, simplemente es eso “Tiempo”.
Tiempo, para reír, para soñar, para Amar y bailar.
De repente llegan los 60 y estas en medio de la pista esperando que suene la música y solo te quedan dos opciones, Sentirte nuevamente joven y seguir bailando, pero ahora sin prisas, disfrutando del entorno y del beso que acaricia tu mejilla.
La miras a los ojos y los recuerdos afloran a tu mente volviendo la vista atrás recorres nuevamente los senderos que ya conoces con paz y serenidad.
La otra opción es sentirte viejo, derrotado y intentar olvidar, sentado en el sofá viendo el televisor, viviendo la vida de otros para no tener ni más obligaciones ni responsabilidades que el abandonar.
No, no lo hagáis, pensar que posiblemente si las cosas no cambian, según el pacto de tu Alma te quedan 30 años, no más o menos aquí en este planeta Tierra.
Es la hora de decidir como los quieres vivir.
Como un viejo ante el televisor hasta cristalizar tu mente y que llegue el Alzheimer, que te haga olvidar en poco tiempo lo que te costo toda una vida aprender-
O decides agarrar la vida con fuerza en la justa medida que tu puedas llevar las riendas de tu caballo, ahora no toca ir al trote sino todo lo contrario a paso lento disfrutando de la lluvia, del viento…….
Del Amor a fuego lento, pero con pasión.

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