Vacaciones 2015.

Esas vacaciones que todos esperamos con muchas ganas, ya llegaron y ya pasaron, como siempre muy de prisa.
Pero os habéis parado a pensar como vivimos los días de vacaciones, la mayoría corriendo de aquí para allá.
Mucho programa para no perdernos nada y después poder explicar muchas cosas a los amigos a ver quien ha hecho el mejor viaje a poder ser a tierras lejanas que eso queda muy “chic”

Yo quiero contaros que, las mías han sido diferentes, pase 15 días en un pueblo entre valles verdes que no por conocidos me dejan de sorprender.

Pazos
Todo parece igual como hace más de 50 años.
El olor a pan flota en el aire, como del olor a higos, anís y vino.
El presente esta suspendido en el aire, como si el pasado no hubiera ocurrido y el futuro no fuera a existir nunca jamás.
Todo pasa tan lento…..que ni siquiera te das cuenta de que pasa.
Por que nunca pasa nada, o si que pasa.
De verano en verano te pasan el parte de todos los que han muerto, no impresionan en este pueblo mueren de mayores.
Imaginaros tenemos una abuela de 100 años que todavía corre por el pueblo agarrada del brazo de su hija como si fuera una muñeca con pilas, pues cuando la pones de pie corre. Ya no sabe caminar.
Tenemos otra de 102 años más estática apoyada al marco de la puerta mirando sin conocer a nadie.
Oteando el horizonte esperando la muerte.
Hoy pase por el alto del pueblo conocido como el “camino del Rey” y recordé a otra ausente al pasar por delante de su casa, ya no estaba la parra, ni sus uvas que nos gustaban tanto.
Solo la piedra donde siempre se sentaba para soltarnos la retorica de palabrotas al vernos pasar, creo que se sabia el diccionario entero.
Ay, Pilar cuanto te fastidiaba vernos correr por delante de tu casa.
Creo que el hecho de saberse casta, sin santo varón que la desposara la convirtió en una persona amargada que no soportaba a los niños que nunca pario.
Mis abuelos fueron esas personas que siempre vi de verano en verano, desde mis 12 años, pero que nunca ame.
La palabra abuelos no marco en mi vida grandes recuerdos, ni tan siquiera una caricia,un beso.

La única abuela que guardo en un lugar de mi corazón es mi abuela “María”, ella era la partera y la curandera del pueblo, curaba la enfermedad del “Sapo” con una piedra mágica.
Y aún que a penas la conocí, plasmo en aquel beso de despedida todo su amor en mi corazón. La última vez que la vi yo tenia dos años y medio y mis padres partían para tierras lejanas llevándome en brazos a darle el último adiós a mi abuela, nunca más volví a ver.

La vida sigue y se repite en los mismos escenarios en diferentes tiempos y diferentes actores.
Algunos ya hicieron mutis por el foro y al acabar el tercer acto aparecen nuevos actores tomando el relevo generacional.
Ya están aquí, ya han llegado, ya están mis hijos corriendo por las mismas calles con otros niños que de verano en verano se vuelven a encontrar.
Los gritos de algarabía traen alegría a la calle, mientras unos se buscan a otros jugando al escondite o al pilla pilla o cazar las
moscas arrancarle las alas y verlas caminar a dos patas en una tarde de verano lluviosa y aburrida, la consola y los video juegos no existían.
Esto es el pueblo.

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